EL ISLAM Principios y fundamentos

الأحد، 10 مارس 2013



“Tu Señor ha ordenado que no adoréis sino a Él y que seáis benévolos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf! Y háblales con dulzura y respeto. Trátales con humildad y clemencia, y ruega: ¡Oh, Señor mío! Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo pequeño.”
“Aquellos que invocan a Allah estando de pie, sentados o recostados, meditan en la creación de los cielos y la Tierra y dicen: ¡Señor nuestro! No has creado todo esto en vano ¡Glorificado seas! Presérvanos del castigo del Fuego.”
“Al creyente que obre rectamente, sea varón o mujer, le concederemos una vida buena y le multiplicaremos la recompensa de sus obras.”
“Quien obre piadosamente, sea hombre o mujer, y sea creyente, ingresará al Paraíso y no será tratado injustamente en lo más mínimo.”
Este honor que disfruta la mujer en el Islam no tiene parangón en ninguna otra religión, credo o legislación. La civilización romana había establecido que la mujer debía ser esclava y subordinada del hombre y que no tenía ningún derecho. Incluso hubo un gran congreso en Roma donde se trataron asuntos referentes a la mujer. La conclusión a la que se llegó fue que la mujer era un ser sin alma y como tal no podía compartir la vida en el más allá, además de ser impura.
En Atenas, la mujer era considerada como descarte. Se la podía comprar y vender como cualquier objeto y era considerada una abominación, obra de Satán.
Según los antiguos estatutos hindúes, la plaga, la muerte, el infierno, el veneno de las serpientes y el fuego son todos mejores que una mujer. Su derecho a vivir terminaba con la muerte de su marido, que era considerado su amo. Cuando ella veía cómo quemaban el cuerpo de su marido, debía arrojarse a él, y si no lo hacía, era maldecida.
En cuanto al Judaísmo, el Antiguo Testamento dice lo siguiente sobre la mujer:
“Me volví y fijé mi corazón para saber y examinar e inquirir la sabiduría y la razón, y para conocer la maldad de la insensatez y el desvarío del error. Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso.” 
Tal era la condición de la mujer en los tiempos antiguos. En lo que respecta a la época medieval y contemporánea, los siguientes eventos la explican.
El escritor danés Wieth Kordsten explicó la postura de la Iglesia Católica en relación a las mujeres cuando dijo: “Durante la época medieval, la preocupación por la mujer europea era muy limitada y esto iba en conformidad con la postura del credo Católico respecto a que la mujer era considerada un ser humano de segunda clase”.
En Francia, se llevó a cabo un congreso en el año 586 de la Era Cristiana y se trató el tema de la mujer y cómo debía ser tratada, ya sea como un ser humano o no. Al final de la discusión, los participantes concluyeron que la mujer era un ser humano pero que había sido creada para el servicio del hombre.
En el derecho francés, artículo 217, dice lo siguiente: “La mujer casada, aún si su matrimonio está basado en la separación entre su derecho a la propiedad y el de su esposo, no debe entregar a nadie su propiedad con o sin compensación a menos que participe su esposo en la transacción o exista un consentimiento escrito de ello”.
En Inglaterra, Enrique VIII prohibió a la mujer inglesa leer el Libro Sagrado; hasta 1850, las mujeres no eran consideradas ciudadanas de Inglaterra y hasta 1882, no tenían derechos civiles

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