“Tu Señor ha ordenado que no adoréis sino a Él y que seáis benévolos
con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis
insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf! Y háblales con dulzura y
respeto. Trátales con humildad y clemencia, y ruega: ¡Oh, Señor mío! Ten
misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo
pequeño.”
“Aquellos que invocan a Allah estando de pie, sentados o recostados,
meditan en la creación de los cielos y la Tierra y dicen: ¡Señor nuestro! No
has creado todo esto en vano ¡Glorificado seas! Presérvanos del castigo del
Fuego.”
“Al creyente que obre rectamente, sea varón o mujer, le concederemos
una vida buena y le multiplicaremos la recompensa de sus obras.”
“Quien obre piadosamente, sea hombre o mujer, y sea creyente,
ingresará al Paraíso y no será tratado injustamente en lo más mínimo.”
Este honor que
disfruta la mujer en el Islam no tiene parangón en ninguna otra religión, credo
o legislación. La civilización romana había establecido que la mujer debía ser
esclava y subordinada del hombre y que no tenía ningún derecho. Incluso hubo un
gran congreso en Roma donde se trataron asuntos referentes a la mujer. La
conclusión a la que se llegó fue que la mujer era un ser sin alma y como tal no
podía compartir la vida en el más allá, además de ser impura.
En Atenas, la mujer
era considerada como descarte. Se la podía comprar y vender como cualquier
objeto y era considerada una abominación, obra de Satán.
Según los antiguos
estatutos hindúes, la plaga, la muerte, el infierno, el veneno de las
serpientes y el fuego son todos mejores que una mujer. Su derecho a vivir
terminaba con la muerte de su marido, que era considerado su amo. Cuando ella
veía cómo quemaban el cuerpo de su marido, debía arrojarse a él, y si no lo
hacía, era maldecida.
En cuanto al
Judaísmo, el Antiguo Testamento dice lo siguiente sobre la mujer:
“Me volví y fijé mi corazón para saber y examinar e inquirir la
sabiduría y la razón, y para conocer la maldad de la insensatez y el desvarío
del error. Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es
lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella;
mas el pecador quedará en ella preso.”
Tal era la
condición de la mujer en los tiempos antiguos. En lo que respecta a la época
medieval y contemporánea, los siguientes eventos la explican.
El escritor danés
Wieth Kordsten explicó la postura de la Iglesia Católica en relación a las
mujeres cuando dijo: “Durante la época medieval, la preocupación por la mujer
europea era muy limitada y esto iba en conformidad con la postura del credo
Católico respecto a que la mujer era considerada un ser humano de segunda
clase”.
En Francia, se
llevó a cabo un congreso en el año 586 de la Era Cristiana y se trató el tema
de la mujer y cómo debía ser tratada, ya sea como un ser humano o no. Al final
de la discusión, los participantes concluyeron que la mujer era un ser humano
pero que había sido creada para el servicio del hombre.
En el derecho
francés, artículo 217, dice lo siguiente: “La mujer casada, aún si su
matrimonio está basado en la separación entre su derecho a la propiedad y el de
su esposo, no debe entregar a nadie su propiedad con o sin compensación a menos
que participe su esposo en la transacción o exista un consentimiento escrito de
ello”.
En Inglaterra,
Enrique VIII prohibió a la mujer inglesa leer el Libro Sagrado; hasta 1850, las
mujeres no eran consideradas ciudadanas de Inglaterra y hasta 1882, no tenían
derechos civiles
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