No adoréis sino a Allah, pues temo que os azote
el castigo de un día doloroso [el Día del Juicio].”
Él, glorificado
sea, también dice lo siguiente acerca del último de todos los Mensajeros,
Muhammad:
“Diles: Ciertamente se me ha revelado que Allah es vuestra única
divinidad. ¿Acaso no vais a someteros a Él?”
Este Dios es el
Único que creó maravillosamente al universo a partir de la nada; Él creó al
hombre en su mejor forma y perfeccionó su creación e imprimió en su naturaleza
la afirmación de Su Señorío y Su exclusivo derecho a ser adorado. Él concede
paz y tranquilidad mediante su sometimiento a Él y el seguir Su Camino, y
ordenó que su alma no descanse hasta que se rinda ante su Creador y esté en
contacto permanente con Él. También hace que sea imposible contactarse con Él
excepto mediante Su Correcto Camino, el cual transmitieron los honorables
Profetas. Él le dio inteligencia al hombre la cual alcanza su pináculo cuando
el hombre cree en Allah, glorificado sea.
Cuando uno tiene
una naturaleza correcta, un alma en paz y un corazón con fe, se logra la
felicidad, la seguridad y la paz en este mundo y en el más allá. Pero cuando el
hombre se niega a todo eso, vivirá en callejones oscuros del alma,
desorganizado y dividido entre sus dioses, ignorante de quién puede
beneficiarlo o protegerlo del mal. Es para que la verdadera fe se establezca en
el corazón y quede expuesta lo terrible de la idolatría ante Allah que Él hace
una parábola de un hombre cuyos asuntos se dividen entre numerosos dioses y un
hombre que adora solamente al Señor. Allah, glorificado sea, nos dice:
“Allah ejemplifica [la idolatría] con un hombre
que tiene muchos amos asociados que discrepan entre sí, y [al monoteísmo] con
un hombre sometido a un solo amo [que solo tiene un objetivo]. ¿Acaso se
asemejan? ¡Glorificado sea Allah! [No se equiparan]; pero la mayoría de los
hombres lo ignoran.”
Allah compara al
siervo politeísta con un siervo que tiene muchos dueños y que todos ellos
pelean entre sí por su propiedad. Él se divide entre ellos y todos le ordenan
cosas y le asignan responsabilidades para satisfacer sus distintos y
contradictorios deseos, los cuales agotan su energía y difieren en las
indicaciones. Y compara al siervo monoteísta con un siervo que tiene un solo
amo. Sabe lo que su amo quiere y cuáles son las tareas que le asigna. Por lo
tanto, está cómodo y tiene claro su camino. Estos siervos no pueden ser
iguales. Pues, uno se somete a un sólo amo y disfruta el placer de la
corrección, el conocimiento y la certeza y el otro se somete a distintos amos
que discuten entre sí y por lo tanto es castigado y se ve afectado. No tiene
una condición estable y no puede complacer ni siquiera a uno de ellos, ni
pensar en complacerlos a todos.
Luego de dejar en
claro la existencia de Allah, Su Señorío y Su derecho exclusivo a ser adorado,
debemos familiarizarnos con Su creación del universo y el hombre y conocer Su
sabiduría detrás de todo ello
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